Pues sí, a mis 40 años me estreno en esto de la discriminación laboral. Como sabrás si me sigues, tengo agenesia metacarpiana congénita. Aunque ese término es un coñazo y mola más llamarlo mano chula. Vamos, en cristiano, que me falta la mano derecha desde que nací. En lugar de cinco largos y lustrosos dedos como los que puedas tener tú o el vecino de enfrente, tengo cuatro bolitas a modo de minidedos acoplados al muñón en el que termina el brazo. Bueno, ni siquiera es un muñón, yo diría más que es hasta media palma ¿no?. Que yo puedo aplaudir y todo si algo me gusta mucho. Soy así de entusiasta. Queda muy cool y es muy original, así que nunca me ha supuesto ningún problema.

Pero hay gente para la que, por lo que se ve, sí que es un problema. Te cuento, y voy a intentar resumir todo lo que pueda porque la cosa tiene enjundia.

Preparando mi vuelta al mundo laboral.

Tras ocho años dedicada en cuerpo y alma a mis tres monstruitos, he decidido que es hora de volver al mundo laboral. Por mi bienestar mental más que nada. No puedo volver al 100% porque todavía, con 2, 7 y 8 años, dicen que no se me independizan los cabronzuelos, pero sí que me gustaría encontrar algo por las tardes, para poder combinarlo cuando Señor Esposen llegue del curro, y así no tendríamos que buscar soluciones externas para el cuidado del trío calavera.

Un día estaba tomando café con mi vecino y me dijo: «Oye, ¿y por qué no echas la solicitud a donde yo estoy?. Ahí siempre están buscando gente y el horario sería el que tú buscas». Vi el cielo abierto. Porque llevaba razón, el horario era ideal, serían un par de días a la semana de 18 a 23. Genial, justo lo que yo estoy buscando. Y el trabajo era en la Post cargando camiones y descargando cajas. Perfecto, puedo hacerlo. Y a ello nos pusimos. Me ayudó a rehacer mi currículum en alemán, me ayudó a redactar la carta de presentación y lo mandamos. A la semana siguiente ya me estaban llamando para hacer una prueba. Yo, que soy muy cuento de la lechera, ya me veía intimando con mis amigas las cajas y hacía cuentas con mi sueldecillo. Me harían la prueba, verían que soy capaz y que me lo curro como la que más y me darían el trabajo. Todo iba según lo previsto. Hasta que llegué a la prueba de trabajo.

La prueba de trabajo.

Llegué, claro está, con mi mano chula, de la que no sabían nada. Porque no es algo que yo quiera ni pueda esconder, pero tampoco es algo que tenga que ir pregonando a los cuatro vientos. Igual que no digo si soy rubia o morena, o si llevo el pelo teñido de rosa. Al fin y al cabo es una característica física que no me va a influir en el curro, así que no tengo porqué decirte nada. Tú hazme la prueba y ya verás de lo que soy capaz, amigo. Y la hice. Y fui capaz. Durante dos horas y medias estuve moviendo cajas de un lado para otro. Exactamente igual que todo el que allí estaba. La sorpresa llegó cuando terminó la prueba y, de los cinco que habíamos ido, solo a mí me dijeron que subiera a la oficina. Allí básicamente me dijeron que, debido a la mano, no tenían claro si contratarme o no. No estaban seguros de que fuera capaz (a pesar de que lo acababa de demostrar) y no querían que me estuviera lesionando continuamente (ni yo, lo que no sé es lo que tiene que ver la mano con eso). Peeeero, como son buena gente y no me querían cerrar las puertas a la primera de cambio, en vez de decirme directamente que no, iban a decirle a la fisioterapeuta de la empresa que me viera para que ella diera su opinión. Ja. Y yo que me lo creo. Puedes ver el siguiente vídeo donde te cuento mi teoría conspiranoica sobre el tema:

 

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#buscandotrabajo #arbeit #agenesia #mividaenSuiza

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Teoría conspiranoica confirmada.

Dos semanas me tuvieron esperando la llamada de la fisioterapeuta. Llamada que al final, confirmando mi teoría conspiranoica, no se produjo nunca. La que me llamó fue la encargada de personal para decirme que, después de haber hablado con la fisioterapeuta (señora que debe tener poderes adivinatorios y saber cómo me desenvuelvo sin verme en persona) lo sentían mucho pero que me tenían que decir que no. ¿Las razones? Pues las que ya me dijeron en la entrevista, que no estaban seguros de que pudiera desempeñar bien el trabajo y que no querían que me estuviera lesionando continuamente. Y que esperaba que lo entendiera. Y yo, que odio profundamente hablar por teléfono en alemán y que me estaba costando un mundo seguir la conversación con mi hija de dos años gritando detrás, me podía haber callado y le podía haber dicho que sí y agachar la cabeza. Pero no. No me dio la gana. Y le expliqué claramente que no, por supuesto que no lo entendía. Que lo aceptaba, claro está, porque la vida a veces no es justa y hay que aceptarlo, pero que no lo entendía porque yo había hecho una prueba de trabajo en la que ya había demostrado que podía hacerlo y estaba segura de que si yo tuviera dos manos enteritas, me hubieran contratado, por lo que claramente era una discriminación. Oportunidad laboral chimpún.

Mi opinión personal sobre esta discriminación laboral.

Voy a ser rápida y concisa. Puedo entender el desconocimiento inicial sobre algo que no ven a diario. Puedo incluso entender que quieran el «visto bueno» por parte de la fisio, que más vale cubrirse las espaldas. Lo que no puedo entender es que sigan con esa ignorancia después de yo haberle explicado que al ser de nacimiento lo puedo hacer todo exactamente igual que otra persona con dos manos y sobretodo, después de haber demostrado en la prueba que soy bien capaz de hacerlo. Además, han tenido una forma de proceder muy ruin diciéndome en la entrevista una cosa para después actuar de otra completamente diferente y no tener que decir las cosas a la cara. Sinceramente, es la primera vez que me pasa algo así en 40 años de vida y espero que sea la última.

Señores de la Post: no, así NO se hacen las cosas.

¿Y tú? ¿Conoces algún caso de discriminación laboral en tu entorno?

 

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