Hoy no quiero ser madre. No me apetece.

Hoy no quiero regirme a los horarios de nadie para ver si voy a poder trabajar ahora o más tarde, o no voy a poder hacerlo. Aunque ese alguien, sea alguien al que yo misma haya parido.

Hoy no quiero interrumpir mi costura cada 5 minutos para convencer a nadie de que no hay que pegar. Que nos podemos enfadar mucho. Muchísimo. Pero que no se pega.

Hoy no quiero recoger el pijama que se dejan en el salón después de vestirse. Todas las mañanas. Todos los días. Por más que diga, también todos los días, que el pijama se deja recogido.

Hoy no quiero ir detrás de mi hija, que está en modo batidora sin tapa, recogiendo todo lo que va sacando de los cajones sin control.

Hoy no quiero tener que pensar qué voy a cocinar. Ni cocinar. Hoy no quiero cocinar. Ni pasar la aspiradora. Ni recoger los cacharros del desayuno.

Hoy no quiero ser madre alfa, no quiero ser multitarea. Como diría mi amiga Marina, me cago en la multitarea maternal. No quiero tener que trabajar con una niña en mi regazo.

Multitarea maternidad

Hoy lo que me apetece es pensar en mí. Y sólo en mí.

Me apetece darme un baño sin pensar en todo lo que tengo que hacer.

Me apetece tumbarme un rato a leer mientras me tomo una copa de vino. O dos.

Me apetece encerrarme en la habitación con la música a todo volumen mientras coso. Y no salir de la habitación hasta que la máquina de coser eche humo.

Me apetece, pero lo voy a dejar, porque soy madre. Hoy, mañana y todos los días. Hoy no me apetece ser madre, pero lo soy.

Y no me entiendas mal, adoro a mis hijos y adoro ser madre. De hecho, soy consciente de que ser madre es un privilegio del que, desgraciadamente, no todo el mundo puede disfrutar. Pero a veces, y sólo a veces. También me gustaría tener un ratito para mí. Sólo para mí.

Y sí, lo sé. Cuando una se convierte en madre, sabe que lo será todos los días de su vida, las 24 horas del día. Sin excepciones. Lo sabe, pero eso no quita que, en ocasiones, sea difícil.

Mañana será otro día. Mañana, seguro, volveré a querer ser madre. Y no me importará volver a negociar una y mil veces lo mismo con los mayores, no me importará volver a ir detrás de la peque recogiendo todo lo que va dejando tras su paso, mañana volveré a ser multitarea y me tomaré con serenidad que me interrumpan mientras trabajo. Seguro, pero hoy no.

Llámalo hormonas, llámalo cansancio, llámalo X. Pero hoy no quiero ser madre. Mañana sí, que mañana será otro día.

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