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Y sin más dilación seguimos con el parto de Valeria. Si te lo has perdido aquí puedes leer el preparto.

El parto de Valeria.

Llegando al hospital. Típico día suizo para recibir a mi pequeña

Miércoles 7 de diciembre. 8 de la mañana. Llegamos al hospital. Era el día (o eso pensaba yo ?). Está la matrona que me gustó el otro día. Es muy maja. Bien. Nos pasan a una habitación y nos explican el procedimiento, que básicamente consiste en que me van a poner prostaglandina y a esperar.

Primero me ponen media tirita. Por mi cabeza pasan todas las historias que me han contado.

“Uy, me pusieron la tirita y en dos horas estaba pariendo, si te pones de parto vete corriendo al hospital que los terceros se caen…”

Primera tirita. Aquello no hace efecto

Pues no. Yo no sé de qué pasta estoy hecha pero ni estaba pariendo en dos horas ni se me cayó por ser el tercero. Aquello no hace efecto. Yo no noto nada. Nos bajamos a la cafetería a tomar algo. Nos damos un paseo por el bosque. Aquello no duele. Ni lo más mínimo.

                         

A las 4 horas (las 12 ya) me ponen otra tirita, esta vez entera. Parece que empiezo a tener molestias. Bien. De hecho al rato me dicen que tengo demasiadas contracciones (todavía no son ni por asomo lo dolorosas que deberían ser) y que el bebé está un poco estresado. Me ponen algo para parar un poco las contracciones y que el bebé no sufra. Las contracciones se relajan y el bebé recupera el latido normal. Así va pasando el día, ningún dato relevante. Sólo molestias y contracciones que todavía no son de parto.

Paseo por el bosque

22:00 de la noche. Voy al servicio y veo que expulso el tapón mucoso. Super!!! Si he expulsado el tapón será que ya he empezado a dilatar y empieza la fiesta, pienso yo.

23:00 de la noche. Ya empieza la cosa a doler de verdad.  Moviéndome por la habitación, bailando o en la pelota es muy soportable el dolor, pero en la cama empeora la cosa, así que no quiero tumbarme. Vienen una nueva matrona y una enfermera que nos dicen que yo debería dormir un poco y nos “proponen” (por llamarlo de alguna manera) que, como hasta el día siguiente no voy a parir, Señor Esposen se vaya a casa a dormir y ya por la mañana vuelva. Nos insistieron tanto que por un momento me planteé aceptar la “proposición” hasta que me dí cuenta de que era MI parto y MI momento, y quería pasarlo con MI marido, aunque hasta el día siguiente no fuera a parir, así que me planté y dije que Señor Esposen no se iba a ningún lado.

Por suerte a la enfermera que se le ocurrió la idea le sentó tan mal nuestra decisión que no la volvimos a ver, y por suerte fue la única estúpida que nos encontramos en toda nuestra estancia en el hospital, el resto de matronas, enfermeras, médicos y personal en general fueron un verdadero amor. En lugar de irse mi marido a casa lo que hicieron fue darnos una habitación familiar para que pudiéramos descansar.

Habitación familiar para descansar, de hecho Señor Esposen está en ello, yo ya no podía dormir.

Aviso. A partir de este punto del relato las horas son orientativas. Ponle media hora arriba/media abajo.

Conseguí dormir un poco hasta las 00:30, momento en el que ya se hizo difícil descansar con el dolor. Me desperté, empecé a pasearme por la habitación, pelota, paseo, pelota, paseo…hasta que se me quedó pequeña también la habitación. Llamé a Señor Esposen para que me acompañara a una sala que había al lado para picar algo, por distraerme más que nada, y a eso de las 2:00 llamé a la matrona para preguntar si me podía dar una ducha. La matrona me dijo que me iba a preparar la bañera y por primera vez desde que llegué al hospital me reconocieron. 2 cm. Bueno, quedaban 8 todavía.  Paciencia.

Aguanté un poco más en la habitación y a eso de las 5:00 me fui a la bañera. Qué gozada! Agua calentita. La matrona me puso velas por todos lados, música relajante…allí se estaba en la gloria! Entre contracción y contracción casi me dormía.  De hecho me relajé tanto que las contracciones también lo hicieron. La matrona me trajo unas bolitas de homeopatía para darle gracia a las contracciones, y mira que no creo yo en esas cosas pero cierto es que más animosa se volvió la cosa ?.

Aquí sí se está bien! Todavía quedaba hora y media de fiesta.

A las 6:30 le dije a la matrona que si podía ir a llamar a mi marido, al que dejé descansando un poco cuando me fui la bañera. Vino mi marido, empecé a estar incómoda también en la bañera y seguí alternando con la pelota. A eso de las 7:30, con contracciones ya bien dolorosas, me hacen el segundo tacto, y con él llegó el peor momento del parto: 2 cm.

¿Cómo que 2 centímetros? Si a las 2 de la mañana ya llevaba 2 cm!!! ¿¿¿Todas estas contracciones desde entonces y el dolor pasado no ha servido para nada??? Me vine abajo. Me puse a llorar y empecé a pensar cosas raras. ¿Y si no dilato? le pregunté a la matrona. Y ahí llegó el momento más poderoso del parto: cuando la matrona me miró como si no creyera lo que acababa de escuchar, como si yo estuviera loca: en cualquier caso vas a dilatar. Eso va a pasar sí o sí, y además vas a dilatar rápido porque ya es el tercero. Me lo dijo con tal seguridad que, a pesar de llevar tantas horas en el hospital y estar sólo de 2 cm le creí. Tenía que confiar en mi cuerpo. Y algo de razón llevaría porque en poco más de dos horas nacía mi hija.

De las dos horas siguientes no te puedo decir que lo recuerde todo. Recuerdo el dolor. Ya era insoportable. Recuerdo pedir la epidural cada vez que tenía una contracción. Recuerdo desdecirme cada vez que se pasaba. Recuerdo el apoyo de la matrona y de Señor Esposen, gracias a los cuales pude aguantar sin epidural. Recuerdo los masajes en la espalda que Señor Esposen me daba en cada contracción. Gloria bendita.

Última media hora. En cada contracción se me duermen las extremidades del dolor. Me dan escalofríos y ganas de vomitar. Siento que no puedo. Pierdo el control. Hasta entonces yo dirigía mi parto, ahora sólo me controla el dolor. La matrona me dice que me eche un poco en la cama y me trae el Lachgas (gas de la risa) a ver si me ayuda. Y sí, me ayuda.

Solo 20 minutos para conocer a mi pequeña

Último tacto. 6-7  cm. Todavía me quedan 3 o 4 y yo no puedo más! Mientras pienso eso todo se acelera. Noto las ganas de empujar. No puede ser, si me acaba de decir que estoy de 6 o 7 nada más.  Si tienes ganas de empujar empuja, no te preocupes por nada más, me dice la matrona.  Eso hice. Darle a mi cuerpo lo que me pedía.  En 5 salvajes y maravillosos minutos estaba escuchando a Señor Esposen decir emocionado: niña! Es una niña!! Y mi niña estaba en mi pecho. Tal y como sigue casi un mes después mientras escribo estas líneas.

                                                              ❤❤❤❤❤FIN❤❤❤❤❤

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