Que la expatriación tiene sus cosas buenas y sus cosas malas no es un secreto para nadie. También está claro que en esto de la expatriación todo depende del cristal con el que se mire. Si te centras en ver lo desgraciado que eres por estar lejos de tu familia, por no tener cerquita esa estrella de levante tan fresquita y rica, o porque aquí no sale tanto el sol, te puedo asegurar que en tu camino de la expatriación acabarás amargado y pensando en volver a tu patria querida cada minuto del día, con lo que, obviamente, no podrás disfrutar de tu experiencia de expatriado.

En cambio puedes dirigir tus pensamientos al lado positivo y ser consciente de todo lo bueno que te puede aportar vivir en un país que no es el que te ha parido. Como por ejemplo oportunidades laborales a las que no puedes acceder en tu país, tener lejos a la familia (que también se agradece de vez en cuando (perdona mami!) 😛 ), aprender de primera mano un idioma o conocer gente nueva, con el enriquecimiento que todo eso supone.

Cada uno tendrá sus propios motivos para sonreír, lo importante es buscarlos #expatriación Clic para tuitear

Y todo eso son cositas importantes a tener en cuenta, pero hoy vengo a revelarte algo:

La verdad más verdadosa de la expatriación.

No eres un expatriado de pura cepa hasta que no te pones malo en tu país de adopción.

Es entonces y sólo entonces cuando te das cuenta de lo lejos que está tu madre, que tan amorosamente te arropaba en el sofá para que su niña no pasara frío, que te hacía una comidita ligera para que tuvieras algo en el estómago. Ahora tu madre está a 1600 kilómetros y tú luchas con tus monstruitos para que no te quiten la manta para hacerse una cabaña. Zum Beispiel.

Es entonces y sólo entonces cuando te das cuenta de que, cuando te convertiste en madre, era para todos los días de tu vida, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza. Creo firmemente que el apartado ese de «en la salud y en la enfermedad» deberían cambiarlo y añadir un anexo:

* En caso de enfermedad llamar al xxx xxx xx xx y automáticamente vendrán dos animadores que se llevaran a tus hijos un par de días o hasta tu próxima recuperación. Gute Besserung.

Algo así como una especie de baja maternal en periodo de expatriación ¿no? 😉

Pero eso no es todo, aquí viene el quid principal de la cuestión:

Aunque se dé todo lo anterior, es condición indispensable para ser un expatriado de pura cepa encontrarse por la calle a un amigo español y que te diga (poner voz de narcotraficante):

Si quieres un poco de Couldina tengo en casa #expatriación #cosasdeexpatriados Clic para tuitear

Si amigos, porque aquí los suizos se pondrán malos y se curaran con sus Medizinprodukte, no lo dudo, pero a tí como español no te hacen efecto (o eso crees) por mucho que el principio activo sea el mismo , no hay nada como tu omeprazol español, tu couldina o tu dalsy para los peques. No hay maleta de expatriado que a la vuelta de unas maravillosas vacaciones disfrutando del sol y la playa no traiga, al ladito del jamón (bien envuelto que no  se te pringue la ropa) un paquetito de ibuprofeno, ¿o no?

Por cierto, tengo que ir pronto a España que con el último resfriado me estoy quedando sin reservas 😉

Entonces que, ¿pasas la prueba? ¿eres un expatriado de pura cepa?

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