El martes tuve una experiencia religiosa. Como hacía tiempo no tenía. O como nunca he tenido, creo.
Dice el Enrique Iglesias este que si sentir que resucito si me tocas, que si subir al firmamento subido de tu cuerpo y bla bla bla, que todo eso es casi una experiencia religiosa…Y ÉL QUE VA A SABER!!!!
Sí amigos, él no puede saber lo que es una experiencia religiosa porque no es padre, y sobretodo, no es padre de dos-monstruitos-que-se-llevan-13-meses-y-medio. Also, no puede saber el alivio que te produce desprenderte por un rato, aunque sea tan sólo de uno de ellos. Y es que cuando entras en el mundo de la maternidad múltiple, todo se convierte en un sin vivir.
  • Ir a la compra es convertirse en el centro de todas las miradas de ese Lidl suizo silencioso (ya os dije que aquí los niños vienen con 4 tonos menos de serie, y los adultos ni os cuento!)
  • Dar un baño a dos monstruitos no es como te lo ponen en los anuncios de la tele, por mucho gel «dulces sueños-relajante-duérmete niño que le eches. En realidad a Noé se le debió ocurrir construir el maldito arca bañando a sus hijos. No hay esquina del baño que no acabe empapada. Y claro, si tenía animalitos el hombre, tenía que salvarlos, normal.
  • Visitar a una amiga que acaba de ser madre…bueno, eso no se convierte en un sin vivir porque eso ni siquiera puedes hacerlo. Las probabilidades de que le hagan el grito del dinosaurio en el oído al pobre Pedrito, que duerme plácidamente, son MUY altas. Así que tienes que esperar que venga tu marido y se quede con los dos para hacer la visita sola.
En fin, así podría seguir todo el día pero no tengo tiempo, resumamos con que se puede aplicar «el sin vivir» a toooodos los aspectos de tu vida.
Así que imagínate el placer que sentí el martes cuando dejé a monstruitomayor en el Sprachspielgruppe (una guarde donde juegan y esas cosas en alemán) y me fui con monstruitopequeño a pasear, ala, así a lo loco, los dos solos, como si no hubiera mañana!!!!
Fueron sólo dos horas pero qué dos horas tan maravillosas!!!! Ni un grito en esas dos horas, ni un dinosauriazo, ni un empujón, ni un mordisco. Vamos, que hasta pude meterme en un centro comercial y comprarme un «kit de viernes de cervezas» (pintuñas y pintamorros rojo del rojo), pudimos jugar en los columpios sin riesgo de fraticidio, maravilloso todo. Todavía no me lo creo.
Claro que cuando fuimos  a recoger a monstruitomayor en cuanto salió de clase empezó a gritar y a subir de nuevo el riesgo de fraticidio, con lo cual tuve que volver a desplegar todas mis alertas. Leider.
Me queda el consuelo que la Kita de la que os hablé nos gustó mucho y voy poder volver a experimentar esa experiencia religiosa miércoles y viernes de 13 a 18. En serio. Todavía no me lo creo!!!
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