Cinco minutos. Cinco minutos he tardado en convencer a Monstruitomayor de que era muuucho más guay pasar la tarde con mami que con su hermano en la Kita.
Resulta que el viernes pasado tuve la enorme suerte de que se quedaran los dos juntitos en la guarde y yo pude disfrutar otra vez de cinco horitas de experiencia religiosa (limpiando sí, pero más feliz que una perdiz sola con mi música a toda pastilla).
El caso es que se ve que como a lo bueno se acostumbra uno pronto pues hoy, cuando hemos ido a llevar a Monstruitopequeño a la Kita el mayor, evidentemente, se quería quedar también. Y de verdad, que yo, si por mi fuera, los llevaba a los dos todas toditas las tardes, pero como el que tiene la última palabra es mi bolsillo (y ya os he comentado en alguna ocasión de lo prohibitivos que son aquí los precios de la guarde) me tengo que joder conformar con unos diítas a la semana nada más.
Bueno, pues me lo he tenido que llevar a rastras y llorando porque no había forma de sacarlo de allí.
Una puede pensar que qué bien, que tengo que estar contenta porque mis hijos han salido independientes y sabrán valerse por si mismos el día de mañana y bla bla bla. Sí, muy bien, pero…¿¿y mi amor propio dónde queda?? El que tus hijos prefieran pasar la tarde con una desconocida haciendo nosequé en vez de con su amorosa madre haciendo manualidades, un bizcochito o simplemente tumbaditos los dos en el sofá con una suave mantita ¿qué? ¿¿Eso dónde queda?? Snif snif.
Claro, luego vamos a recogerlo y me enseña la casita que ha estado pintando toda la tarde y normal que se quiera quedar el pobre, si lo hubiera sabido yo antes también me hubiera quedado!! Y es que mirad qué chula está! Se lo ha tenido que pasar pipa el tío.
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Kita
Imagen tomada de https://www.facebook.com/kita.halle5
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